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domingo, 24 de mayo de 2020

Carlistas en Rusia (II): Jaime I


Como habíamos mencionado en la última entrada, Carlos VII tuvo un hijo llamado Jaime de Borbón y Borbón-Parma quien en 1896 fue nombrado por el zar Nicolás II alférez del Ejército Imperial Ruso con destino al Regimiento de Dragones de Loubuy, n.° 24. En diciembre de 1897 fue trasladado al Regimiento de la Guardia Imperial de Húsares de Grodno; y en el verano de 1899 formó parte de una comisión militar rusa enviada a las fronteras de Afganistán, Turquestán y Persia, pasando después de guarnición a Varsovia.




Retrato de don Jaime con el uniforme de coronel de la Guardia Leib de Grodno




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Emblema del Regimiento de Húsares de la Guardia Leib de Grodno


En el año 1900 participó en la expedición contra los bóxers en China como agregado del Estado Mayor del ejército ruso,​ distinguiéndose en el ataque a los fuertes de Peitang, por cuya acción fue condecorado. En varias de las cartas que envió su padre desde el exilio al palentino Matías Barrio y Mier escribió sobre la partida y regreso de su hijo de esta expedición:












Intervino asimismo en 1904 en la guerra ruso-japonesa. De acuerdo con el Barón de Artagan, en la batalla de Liaoyang Don Jaime permaneció tres días seguidos a caballo bajo el fuego enemigo; y en el sangriento combate de Vafangón el veterano general ruso Samsónov, quiso obligarle a retirarse de un punto donde la metralla japonesa barría las filas rusas, diciéndole: «¡Capitán Borbón! ¡vuestra existencia no os pertenece, puede ser necesaria a España!», a lo que Don Jaime habría contestado: «¡General, si yo fuera cobarde no sería digno de mi Patria!», espoleando al caballo hasta llegar a las trincheras japonesas en medio de una lluvia de fuego. Debido a sus méritos en esta guerra, fue ascendido a comandante de Caballería.





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Liaoyang - Pagoda china
El Gran Duque Borís y el príncipe Jaime de Borbón

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Port Arthur - El Gran Duque Borís y el príncipe Jaime de Borbón en la ribera, cerca de la Montaña de Oro



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El príncipe J. de Borbón
Port Arthur - Marineros japoneses hechos prisioneros a bordo de un brulote


A la muerte de su padre Don Carlos en 1909, presentó la renuncia de su cargo en el Ejército ruso, pero ésta no fue aceptada por el Zar, que le concedió el nombramiento de coronel de húsares de la Guardia Imperial, aunque le autorizó para salir de Rusia.



Su carrera militar a las órdenes del Imperio Ruso


Al parecer ya antes de 1877 don Jaime comenzó a estrechar relaciones con la corte de San Petersburgo y en 1895 pudo ingresar en el Ejército Ruso.

Entre abril y junio de 1996 se unió a una unidad de caballería de Odesa donde realizó tareas rutinarias. En 1897 fue transferido a Varsovia donde llegó en marzo o abril del año siguiente. Pasó al menos 6 años allí hasta que partió hacia Austria a finales de 1903.

Don Jaime llegó a Varsovia después de al menos medio año en el ejército ruso. En Varsovia fue asignado al Гродненский гусарский лейб-гвардии полк (Regimiento de húsares de la Guardia Leib de Grodno). Su nueva unidad era un regimiento de caballería que formaba parte de la muy prestigiosa Лейб-гвардия o Guardia Imperial. A este regimiento ingresó con el rango de alférez, siendo el 17 de septiembre de 1900 promocionado al rango de teniente. En 1904 fue ascendido a capitán y finalmente a coronel. En misiones con el Ejército Ruso sirvió en Turquía, Afganistán y Persia (desde el verano hasta el otoño de 1899), en unidades de combate durante el levantamiento de los bóxers en China (desde el verano de 1900 hasta la primavera de 1901) y durante la guerra ruso-japonesa (a partir de la primavera de 1904). Durante el estallido de la guerra contra Japón a principios de 1904 Don Jaime estuba con su padre en Venecia donde fue llamado a filas.

Entre sus condecoracoiones militares se encuentran:

- Orden de San Stanislao
- Orden de Santa Anna
- Orden de San Vladimir
- Medalla Por la campaña de China
- Medalla En recuerdo de la guerra ruso-japonesa

Don Jaime como alférez en 1898




Su vida privada en Varsovia


Inicialmente Don Jaime vivía en el barrio militar de Sielce, apenas dentro de los límites administrativos de la ciudad; su residencia era un modesto apartamento de una habitación en los cuarteles de los oficiales del regimiento en la actual Ulica Szwoleżerów, con dos ordenanzas, uno de ellos español, al lado. A partir de junio de 1900 ya fue reportado como que vivía en la actual Ulica Fryderyka Chopina en una zona lujosa y prestigiosa, en un edificio de apartamentos de nueva construcción. A pesar de su modesto rango don Jaime participó en fiestas oficiales con los más prestigiosos de la ciudad, ya sean miembros de la Casa de Romanov, generales de alto rango rusos, comandantes de distritos militares o funcionarios civiles como el presidente de Varsovia. Muy esporádicamente se informó que participaba en reuniones de las élites locales relacionadas con las visitas de sus parientes lejanos como Fernando de Orleans. o fiestas de aristócratas polacos como el conde Mieczysaw Woroniecki.



Cuartel en la actual Ulica Szwolezerów




La residencia de don Jaime en la actual Ulica Chopina





En general no se integró mucho en la vida comunitaria local. Declaró pasar su tiempo libre en teatros y restaurantes. Sin embargo fue una figura notable de la ciudad como deportista; además de unirse a la sociedad local de carreras de caballos fue particularmente reconocido por sus actividades automovilísticas. Era dueño de uno de los primeros coches en Varsovia, una máquina De Dion Bouton supuestamente muy apreciada por los habitantes de la ciudad. El único habitante local con el que parece que tuvo una estrecha relación fue Stanislao Grodzki, un pionero del automóvil de Varsovia y propietario del primer concesionario de automóviles.

No está claro hasta qué punto el servicio en el ejército ruso contribuyó a su formación. Los oficiales del cuerpo de la Guardia Imperial le hicieron una compañía peculiar, con identidad, valores y rituales propios, especialmente en un ambiente étnicamente ajeno. Según el cliché polaco sus deportes preferidos eran supuestamente las mujeres, beber y atormentar judíos en la alegre guarnición más occidental del Imperio, llamada en el argot de los oficiales rusos la "Alegre Varsovita". Algunos de sus oponentes carlistas afirmaron que a principios de 1900 don Jaime ya era una persona ideológicamente descarriada.




La política española en Varsovia


La prensa de Varsovia de la época estaba bastante bien informada sobre los acontecimientos en España, con la guerra contra los Estados Unidos sistemáticamente reportada e incluso los resultados de las elecciones de Cortés discutidos hasta detalles minúsculos; por ejemplo, en 1899 se señalaron 4 carlistas como elegidos. A pesar de las referencias ocasionales al carlismo en columnas de noticias, los casos de vinculación de estos informes con don Jaime en Varsovia fueron bastante excepcionales. Por lo general, notas de prensa referidas a don Jaime como "Su Alteza Real", se mantuvieron en un estilo educado que nunca se ha convertido en algo más que un desinterés simpático. No se ha identificado ni un solo caso de postura hostil o amistosa hacia los carlistas.


Históricamente las relaciones entre Rusia y el carlismo han estado marcadas por la indiferencia con manifestaciones ocasionales de simpatía mutua. Don Jaime no ha sido señalado como involucrado en ninguna iniciativa política, aunque sus participaciones en fiestas oficiales rusas con miembros de la Casa de Romanov fueron claramente aromatizadas con matices políticos. En una oportunidad, el príncipe hizo algunos esfuerzos para cortejar a los polacos, refiriéndose a presuntos combatientes polacos en las filas de las tropas legitimistas durante la última guerra carlista. 
Los servicios diplomáticos oficiales españoles trataron de vigilarlo de cerca.

Jaimistas en Manises, Valencia (1921)


Su servicio en el ejército ruso se menciona cuando se discuten controversias dentro del carlismo relacionadas con el papel de España en la Primera Guerra Mundial. Los trabajos que tratan de las relaciones hispano-polacas reconocen incluso breves episodios polacos de celebridades como Pablo Picasso o Carmen Laforet, pero ignoran a don Jaime, a pesar de que junto a Sofía Casanova (1907-1945) e Ignacio Hidalgo de Cisneros (1950-1962) es uno de los españoles más conocidos que residieron permanentemente en Varsovia.

Más información en este enlace.







miércoles, 27 de junio de 2018

España-URSS. Fútbol y Guerra Fría


Rusia será el rival de España en los octavos de final de este Mundial de fútbol. Se prevé gran expectación pues es un partido eliminatorio a lo que hay que añadir las presiones sobre ambos equipos. A Rusia por ser la anfitriona y haber puesto altas las expectativas tras una fase de grupos satisfactoria y a España por llevar el titulo de campeona y haberse clasificado primera, no sin dificultades, para los octavos. Pero hubo un pasado en el que las presiones sobre estos equipos no venían solo de lo meramente deportivo. También de la política. Era la década de los 60, plena guerra fría y se iban a enfrentar como solo podría ocurrir en una película de ficción o humor no una, sino dos veces los dos países europeos que representaban las ideologías políticas más opuestas entre sí: el fascismo/capitalismo español y el comunismo soviético.


La final de la Copa Europea de Naciones en Madrid, el 17 de junio de 1964.



Los cuartos de final de 1960


Corría el año 1960. La primera edición de la Copa Europea de Naciones (así se llamaba entonces la Eurocopa) estuvo marcada por los enfrentamientos políticos entre los países a ambos lados del telón de acero. España contaba con un equipo fuerte y la selección soviética también se encontraba en su apogeo. Pero la suerte jugó una mala pasada a los españoles: el sorteo emparejó a España con la URSS en cuartos de final. Según el calendario acordado por ambas delegaciones, el partido de ida tendría que disputarse el 29 de mayo en el estadio Lenin de Moscú, y el de vuelta el 9 de junio en el Santiago Bernabéu de Madrid.

El 24 de mayo el equipo español se encontraba camino del aeropuerto, cuando le llegó la aplastante noticia de que no iba a haber ningún partido entre España y la URSS. Aquel día el Consejo de Ministros decretó: “La Federación Española de Fútbol ha comunicado a la FIFA que quedan suspendidos los encuentros de fútbol entre las selecciones nacionales de España y de la URSS para la Copa de Europa de Naciones”.

Sin más explicaciones en la prensa española, ni por parte del gobierno, la selección tuvo que volver a casa a deshacer las maletas.

En el libro "Que vienen los rusos" Ramón Ramos investiga la historia de aquel partido anulado. Según el autor, todo empezó en 1958, cuando la Federación consultó al gobierno de Franco si se podía inscribir al equipo en la primera competición continental por selecciones. La respuesta del dictador fue que sí, siempre y cuando no hubiera posibilidad de cruzarse con la URSS… Pero finalmente se cruzaron.

La noticia provocó un escándalo en Europa. Franco, que no soportaba la idea de que los soviéticos llevasen su bandera y su himno nacional al Bernabéu, intentó buscar una solución y propuso que los dos partidos de la eliminatoria se jugasen en territorio neutral. Pero la URSS se negó a aceptar el trato humillante y España se quedó fuera de la primera Eurocopa.

El diario Pravda culminó así su relato de lo sucedido: “El régimen fascista español tenía miedo al equipo del proletariado soviético”.

Con la ausencia de España, la URSS acabó ganando el campeonato. Tres años después, en 1963 Lev Yashin, conocido como “la araña negra”, recibió su Balón de Oro y se convirtió así en el único portero del mundo que consiguiera este premio.

Tanto los jugadores como la mayoría de expertos aseguraron que España tenía equipo para alzarse con toda probabilidad con la victoria del campeonato.

La mítica final España-URSS


A pesar del ridículo de 1960, Franco empezaba a interesarse cada día más por el fútbol (en gran parte, gracias al éxito del Real Madrid). En 1964 se celebró el 25º aniversario del fin de la Guerra Civil. Bajo el lema “XXV años de paz”, Franco procuraba crear una nueva imagen de España como un país aperturista. Entre otras cosas, quiso mejorar la imagen del fútbol español y conseguir que la final de la Copa Europea de Naciones de 1964 se celebrase en España.

Efectivamente, el morbo estaba servido. La ironía del destino volvió a enfrentar a los dos equipos. Cuatro años después de la renuncia, España debía enfrentarse a la URSS. Y en casa, en Madrid. Ahora no se podía suspender el partido. Varias voces aseguran que Franco se lo volvió a plantear, que volvió a sondear la posibilidad de no jugar y que fue el Ministro Secretario General del Movimiento, José Solís, quien le quitó la idea de la cabeza.

Vista su actitud posterior, y habida cuenta de que recientemente se habían restablecido las relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, sobre todo por motivos comerciales, es difícil de creer. Lo que sí es cierto es que hubo ciertas presiones por parte de los más reaccionarios del gabinete para que el partido no se disputara, porque era "una indignidad enfrentarse al enemigo comunista". Pero apenas tuvieron importancia.

Franco lo dejó claro a la hora de disputarse el partido. Las dudas previas eran inmensas. ¿Sonaría el himno soviético? ¿Ondearía la bandera de la hoz y el martillo durante el mismo? ¿Asistiría Franco al palco, sabiendo que si vencía la URSS debería entregarle la Copa al capitán soviético? La respuesta a todas ellas fue positiva. El protocolo fue el habitual. Con el jefe de Estado en el palco, sonaron los himnos oficiales y ondearon las dos banderas. Nada extraño. Toda una lección. Esta vez sí.

Tras lograr el objetivo, decidió asistir a la final, en compañía de su esposa, pese a los miedos de tener que entregar el trofeo a la selección soviética. Se rumoreaba en los medios españoles que ante ese miedo de Franco un alto cargo del gobierno propuso drogar a la selección soviética, pero afortunadamente el plan no recibió apoyos.

Cien mil espectadores del Bernabéu siguieron con atenicón el gol de Pereda que llegó a los pocos minutos del comienzo del juego y al que Jusaínov respondió casi inmediatamente con otro ataque a la portería española. Se respiraba mucha tensión y preocupación en el Bernabéu hasta que llegó el desempate, gracias al famoso remate de cabeza de Marcelino.

Era el gol más importante en la historia del fútbol español. Y lo siguió siendo hasta hace apenas unos años. No obstante, la polémica acompañó a la jugada durante mucho tiempo. Demasiado. Por razones técnicas, el No-Do publicó unas imágenes en las que el asistente del tanto no era Pereda, sino Amancio. No fue hasta 2007 cuando TVE subsanó el error sacando a la luz las imágenes reales tomadas de la televisión alemana (en otras fuentes dicen que son de la televisión rusa) con las voces originales del No-Do:



El gol reconstruido tal y como fue:



"España ha ganado el trofeo, pero suponemos que ha ganado también para el mundo otro partido, como es el de la interpretación de nuestros pasos y nuestra vida en cada instante", señalaban las crónicas del día siguiente, que se dedicaron a llevar la victoria de la selección española a terrenos mucho más elevados que el fútbol. Como había hecho la URSS cuatro años antes.

España ganó aquella final. Se cerraron las viejas heridas, pero no se olvidó el partido de la primera Eurocopa que España no llegó a disputar.

sábado, 9 de junio de 2018

Borís I, Rey de Andorra

Borís Mijáilovich Skósyrev Mavrusov (en ruso: Борис Михайлович Скосырев; Vilna, 12 de enero de 1896-Boppard, 27 de febrero de 1989) fue un aventurero ruso, que fue proclamado por el Consejo General de los Valles rey de Andorra, cargo que ostentó del 8 al 21 de julio de 1934 como Borís I.

Borís Skósyrev



Vida y orígenes


Borís Skósyrev pertenecía a una familia de la pequeña nobleza bielorrusa, que se había distinguido en los ejércitos del zar.

Se tienen pocas noticias de su vida aventurera antes de su llegada a Andorra. Al estallar la Revolución rusa de 1917, buscó asilo político en el Reino Unido, donde se enroló durante dos años en la Armada británica. Posteriormente prestó sus servicios al Foreign Office en diversas misiones, más o menos secretas, que lo llevaron a Siberia, Japón y Estados Unidos. Su personalidad, empatía y facilidad de idiomas le hicieron ganar una gran simpatía entre las personas.

En 1925 renunció a su trabajo de espía y, provisto de un pasaporte Nansen -el que se entregaba a los apátridas- se traslada a los Países Bajos, donde se desconocen sus actividades durante unos años.

Años más tarde, Borís pretendía haber trabajado al servicio de la Casa Real -sin especificar el cargo- y aseguraba haber sido recompensado por S.M la Reina Guillermina I con el título, parece ser que inventado por él mismo, de conde de Orange.

Se casó con una marsellesa acaudalada, María Luísa Parat, el 21 de marzo de 1931. En su acta de matrimonio, suprimió una ‘s’ y cambió la ‘v’ por una ‘w’: Skosyrew, declarándose hijo de Michel de Skosyrew y de Elisabeth Mawrusow. La novia estaba divorciada de un sastre y era diez años mayor que Borís, hecho que quizás influyó para que Borís se alejase rápidamente de su esposa y, enamorado de una bella adolescente inglesa, entrase por primera vez en Andorra.


Primera estancia en Andorra


Se estableció en la población de Santa Coloma, próxima a San Julián de Loria, en una casa que aún se conserva y es conocida como la “casa de los rusos”, llamada así por este mismo personaje y por otro ruso que también estuvo y que, según dicen, introdujo el primer cultivo de tabaco en Andorra.

Borís, en contacto con la realidad andorrana, comenzó a tramar su plan. Mantuvo largas conversaciones con campesinos, artesanos y responsables de la política andorrana. Pronto se dio cuenta que la revuelta juvenil ocurrida unos meses antes de su llegada, podía acoger favorablemente sus ideas progresistas que garantizasen una mejora del nivel de vida.

El 17 de mayo de 1934, Borís presentó un documento al Síndico y otros consejeros generales de Andorra donde justificaba sus intenciones, aunque la respuesta recibida fue muy adversa:

Que no se inmiscuya en asuntos políticos de los Valles, que en caso de reincidencia este se reserva el derecho de elevar quejas a la Autoridad competente para que le apliquen las sanciones que será merecedor el citado recurrente.
Consejo General

El 22 de mayo recibió la orden fulminante de expulsión del territorio andorrano, decretada por el administrador de justicia francés y firmada también por su homólogo episcopal.


Exilio en la Seo de Urgel


Borís se exilió en la Seo de Urgel, instalándose en el Hotel Mundial, donde comenzó a comportarse como un auténtico monarca e inició una fuerte campaña de marketing que atrajo el interés de la prensa. Concedió numerosas entrevistas a los medios que fueron a visitarle e, incluso, algunas entrevistas telefónicas a los diarios The Times y The Daily Herald.

Del 29 de mayo al 5 de julio se trasladó a Torredembarra, donde proyectó una nueva ofensiva. En una entrevista al diario madrileño Ahora confesaba que “no tengo ningún derecho histórico para mi pretensión. Lo hago únicamente como caballero para entender que defiendo los derechos de los españoles que residen en Andorra y son vejados por la República vecina“.

Borís se puso en contacto con diversas agrupaciones legitimistas del sur de Francia. En Perpiñán consiguió hacer llegar sus planes al representante del duque de Guisa Juan de Orleans, pretendiente al trono de Francia. Su argumentación se basaba en que los jefes de Estado francés continuaban teniendo los derechos y funciones de los copríncipes de Andorra, dominio privado de la Casa de Orleans, como heredera legítima de la dinastía de Foix.

Los legitimistas franceses se hicieron eco de la pretensión en sus boletines. Mientras tanto, el duque de Guisa, expectante, no se pronunció, esperando el desarrollo de los acontecimientos. Pero Borís ya se proclamaba, sin ninguna indiferencia, lugarteniente del rey de Francia. 



Skósyrev concedió visitas, hizo recepciones oficiales y organizó numerosos actos como una misa por el presidente de la Generalidad, Francesc Macià, muerto el invierno anterior, o sesiones fotográficas para hacer postales monárquicas y escribió en sus borradores para el Boletín Oficial del renovado Principado:

Su Alteza el Príncipe ha concedido entrevistas al diario La Nación, de Buenos Aires, y Ahora, de Madrid. Con la asistencia de Su Alteza el Príncipe, se celebrará una misa para el descanso del alma de Ermesenda de Castellbò, condesa de Foix. Las honorables corporaciones del país estarán representadas en el acto.


El pretendiente al trono también hizo imprimir unos folletos que decían:

Su Alteza Real el duque de Guisa pide a los tribunales que le sean restituidos los bienes y derechos situados fuera de Francia que le fueron legados por sus antecesores, como herederos de los condes de Foix y de Bearn, príncipes de Andorra. Los andorranos se sienten administrados contra su voluntad por el señor Lebrun, presidente de la República francesa, que se hace decir copríncipe y no es el heredero de la Corona de Francia.

Se redacta una innovadora Carta Constitucional andorrana que modificaba sustancialmente el sistema político andorrano tradicional. El Coprincipado tendría libertades, modernización, inversiones extranjeras y el reconocimiento de paraíso fiscal. Borís I imprimió 10 000 ejemplares de su Constitución y los transmitió a personalidades españolas y francesas. Uno de estos, que fue a parar a las manos del obispo de Urgel, monseñor Justí Guitart i Vilardebó, desencadenó las hostilidades por parte del prelado, que desautorizó totalmente al pretendiente en unas declaraciones en la prensa leridana, donde decía que los únicos copríncipes de Andorra eran él y el presidente de la República Francesa.

Reinado de Borís I


El domingo 7 de julio de 1934, el Síndico General de los Valles de Andorra convocó al Consejo General en la Casa de la Vall.

El Síndico abrió la sesión y pasó a exponer el asunto. Borís Skósyrev, un ruso exiliado que visitaba con frecuencia el país andorrano y se proclamaba Conde de Orange se había entrevistado con él para proponerle un revolucionario cambio de las estructuras económicas del Principado. A semejanza de lo que había ocurrido en Mónaco, Liechtenstein o Luxemburgo -los restantes principados europeos, además de paraísos fiscales donde los impuestos eran casi inexistentes o sensiblemente reducidos- el forastero se comprometía convertir Andorra en uno de los centros empresariales más importantes del mundo, donde bancos, entidades financieras y compañías internacionales, no tardarían en instalar su domicilio social, aprovechándose del régimen fiscal.

A cambio de asegurar la prosperidad y el bienestar del pueblo andorrano, Skósyrev pidió una recompensa: que el Consejo General lo proclamase príncipe de Andorra. La propuesta casi tuvo la totalidad de la adhesión excepto la del representante de Encamp. Con sólo un consejero en contra de veinticuatro que formaban el Consejo, la monarquía quedó instituida. 

Bandera de Andorra durante el reinado de Borís I


Acompañado de un fiel grupo de colaboradores, entre los cuales estaban su joven amante inglesa, la millonaria norteamericana Florence Mazmon y el consejero Pere Torras Ribas, el candidato al trono andorrano se estableció en la Fonda Calons de Sant Julià de Lòria.

Asimismo, el 8 de julio de 1934 el consejero contrario a este nombramiento comunicó al obispo de Urgel toda la trama con detalle. Paralelamente, ese mismo día, Francia comunicó oficialmente que no intervendría en Andorra, dejando todas las decisiones al Consejo General y considerando válida la monarquía de Borís I, si se aprobaba y el Consejo de Ministros español debatió el tema para aclarar el asunto andorrano.

El 10 de julio, en una nueva votación del Consejo, la adhesión monárquica se repetía con idéntico resultado: 23 a 1, y el 17 de julio se publicó en el Boletín del Gobierno Provisional de Andorra la Constitución del Estado Libre de Andorra, decretándose el sufragio universal y la absoluta libertad política, religiosa y de imprenta. Al mismo tiempo, mediante decreto, disolvió el Consell General, otorgó una amnistía y convocó elecciones para el 1 de agosto.

Caricatura de Borís en O Diabo


En un encuentro con periodistas, Skósyrev afirmó que tenía preparada la lista de su gobierno provisional y el plan que debía impulsar su nuevo reino:

Protección al necesitado, educación universal y deporte, mucho deporte. Pero nada de juegos prohibidos.


Detención y exilio definitivo


El 21 de julio de 1934 cinco guardias civiles siguiendo instrucciones del obispo de Urgel, que había denunciado el acuerdo del 8 de julio anterior ante el gobierno de la República Española, penetraron en la capital del país. Allí, los cuatro guardias civiles y el sargento detuvieron al rey Borís I y lo trasladaron a la frontera hispano-andorrana. Sus súbditos no hicieron nada por impedirlo, viendo marchar a su jefe de Estado detenido hacia la Seo de Urgel y esposado. A la mañana siguiente fue trasladado a Barcelona y puesto a disposición del juez Bellón, encargado de los casos relacionados con la Ley de Vagos y Maleantes. Este mismo juez fue quien comprobó que Borís I, era el mismo que había sido expulsado de Mallorca en 1932 cuando vivía con una millonaria inglesa.

El diario ABC se hizo eco de su sentencia:





El 23 de julio fue trasladado en tren hacia Madrid, acompañado de dos agentes que lo vigilaban en un vagón de tercera. Esto no impidió que su llegada a la capital Española despertase una enorme expectación, haciendo que los periodistas congregados se peleasen literalmente para hablar con él y entrevistarlo para sus rotativos. En Madrid ingresó en la Cárcel Modelo, pero continuó adoptando la actitud de monarca en el exilio. Poco después, sin haber cometido ningún delito en España, fue expulsado a Portugal, viajando durante cuatro años por Lisboa, Tánger y Gibraltar.

En 1938 las autoridades francesas le permitieron volver a Aix-en-Provence, donde se reunió con su primera esposa y en febrero de 1939, Borís Skósyrev fue recluido en un campo de internamiento francés junto con antifranquistas españoles, antifascistas italianos y centroeuropeos de las regiones ocupadas por el III Reich antes de la Segunda Guerra Mundial, aunque se desconoce la razón y cargos que se le imputan. 

En 1943 fue capturado por los nazis, volviéndose eventualmente un agente especial (sonderführer) en la frontera este. En 1945 fue capturado por el ejército estadounidense, pero fue posteriormente liberado al no ser alemán ni nazi, por lo que se va a vivir a Boppard en Alemania, donde residía su esposa desde 1944.

En 1948 fue capturado por los soviéticos en Eisenach, ciudad alemana controlada por ellos. Fue juzgado y enviado a Siberia. En 1956 es liberado y regresa a Boppard, donde reside hasta fallecer el 27 de febrero de 1989.

Borís con el uniforme del ejército alemán



viernes, 1 de diciembre de 2017

Pyotr Potemkin, embajador ruso en la España del siglo XVII



Con motivo de la celebración del 350 aniversario de la embajada de Piotr Potemkin a España esta entrada la dedicaré a dar a conocer sobre la vida de este personaje sobretodo en lo relativo a su estancia en España.

Piotr Potemkin (1617 – circa 1700) fue, probablemente, uno de los diplomáticos más talentosos de Rusia de la época anterior al reinado de Pedro I. Sin embargo, su carrera se inició en el campo de batalla. Durante la guerra ruso-polaca de 1654-1656 Potemkin ocupaba el cargo de voyevoda (general). Eran las tropas al mando de Potemkin las que tomaron la ciudad polaca de Lublin en 1655 y la fortaleza de Nienschantz (Kanzy) en 1656. Luego, el destacado militar fue destinado a las tareas diplomáticas. La misión a España y Francia en los años 1667-1668 que le encomendó el zar Alejo Mijáilovich le granjeó un amplio reconocimiento. El informe detallado sobre aquel viaje ha sido destinado a convertirse en las primeras impresiones escritas de un viajero ruso sobre la visita a España.

La embajada encabezada por el mayordomo y vicario de Borovsk Piotr Potemkin y el canciller Semión Rumiántsev se dirigió a España después de una pausa en los contactos diplomáticos entre nuestros países que se prolongó por 150 años. Los frecuentes viajes de los rusos a España bajo el gran duque Basilio III quedaron olvidados casi por completo en aquel entonces: en el Kremlin estaban seguros de que "los anteriores grandes duques ... no tenían relaciones con los reyes hispanos". Los embajadores del zar zarparon de Arcángel a bordo de un navío que "iba a Italia con el cargo de caviar armenio". El 4 de diciembre de 1667 los embajadores desembarcaron en Cádiz. En enero de 1668 se encontraban ya en Sevilla, y en febrero hicieron el camino de Córdoba a Toledo.

Las notas de Potemkin recogen, ante todo, muchos datos geográficos. La ruta que siguieron los moscovitas se registró exactamente según el calendario, anotándose los nombres de todas las localidades por las que pasaban. Es sorprendente la exactitud de estos apuntes. Los topónimos que figuran en ellos, aunque un tanto distorsionados a veces, son fácilmente reconocibles. Por ejemplo, en "Portimaría" de esta "hoja de ruta" se adivina sin dificultad el Puerto de Santa María, y en "Sent Lukai", Sanlúcar.

Es interesante cómo los rusos del siglo XVII veían a sus contemporáneos españoles. Potemkin señalaba que los habitantes del país visitado "tienen usos propios y son honestos … No se dan a bebidas embriagantes: las toman poco, y son moderados también en comer. Cuando estábamos en la tierra española, nadie de nuestra embajada durante los seis meses nunca vio a un borracho caído en plena calle o paseando con gritos borrachos". Según la opinión del embajador, los españoles "gustan de su lar y por encima de todo aprecian el sosiego en casa. Viajan poco por comercio a otros países, pues desde todas las tierras les traen distintas mercancías que necesiten, y a cambio de esas mercancías reciben el oro y la plata, así como las canjean por el aceite de oliva, el vino español y los limones …".

La historia de España era poco conocida por los viajeros rusos. Pasando por Andalucía, a Potemkin le llamó la atención la influencia árabe en el lenguaje, las costumbres y la arquitectura, por lo que el embajador preguntó al "agregado" español que les acompañaba"si el reino español habría estado otrora bajo los moros", recibiendo la siguiente respuesta: "El reino español es grande desde los años remotos; sólo en una ocasión estuvo bajo los moros; mas al haberse liberado de los moros muchos de aquellos moros se quedaron a vivir en el reino español y luego a muchos millares de ellos, con mujeres y niños, les dejaron irse al país moro. La ciudad española de Cádiz se sitúa a un día de viaje por mar del país moro".

En el siglo XVII las noticias desde España llegaban a Rusia con gran retraso. Durante los preparativos de la misión de Potemkin, en el Departamento de Embajadores aún no se sabía que el rey Felipe IV había fallecido en 1665. Por esta razón las cartas firmadas por el zar que portaba la embajada estaban dirigidas a nombre del monarca difunto. El caso se descubrió sólo cuando llegaron a España, y el error tuvieron que corregirlo in situ. Sin embargo, los españoles no se sorprendieron del hecho: "No lo percibimos como desagrado –reaccionaron ellos–, y no nos asombramos, puesto que el gran estado moscovita se encuentra a la más ingente distancia del gran reino español, y las relaciones entre nuestros soberanos reyes con su gran príncipe no acontecían antes".

A fines de febrero de 1668 la embajada vino a Madrid, donde pasaría casi tres meses y medio. En la capital española a los diplomáticos rusos los recibió la reina viuda Mariana de Austria, regente del menor de edad Carlos II. Potemkin le entregó la carta del zar que avisaba sobre la firma del armisticio entre Rusia y Polonia y expresaba la esperanza del fortalecimiento de la alianza entre los países cristianos de Europa para guerrear contra el sultán turco, su enemigo común. Las negociaciones tocaron también el asunto del desarrollo de las relaciones bilaterales en materia de comercio.

El informe de la embajada, tal como se exigía a un parte oficial, abunda en descripciones del ceremonial de la corte española, las recepciones reales y conversaciones efectuadas. Sin embargo, hay también notas sobre monumentos históricos y artísticos, los que los españoles les mostraban con orgullo a los rusos. Así, en el documento se puede encontrar una detallada descripción del "monasterio Scurial" (El Escorial), cuyo edificio provocó admiración en los moscovitas, así como la de la catedral de Sevilla que "según la gente dice, fue hecha hace unos mil trescientos años", y la de su campanario al que "se puede ascender montado a caballo".

Durante el viaje uno de los integrantes de la embajada moscovita adquirió algunos conocimientos de la lengua española. Cuando surgió la preocupación de que en una de las cartas de respuesta del rey el título del zar ruso estuviera escrito de una manera incorrecta, Potemkin recurrió a la ayuda del escribano Andréi Sídorov, "pues él, Andréi, estando en la tierra española se ha habilitado en leer escrituras latinas". Al haber leído la carta, Andréi comprobó que ella, en efecto, "no estaba de todo en orden".

El 7 de junio de 1668 los moscovitas salieron de Madrid y el día 25 del mismo mes llegaron a "la ciudad fronteriza de Airón" (Irún). En la frontera la embajada tropezó con una actitud abusiva de la aduana. Un oficial local, casi analfabeto y sin mucho conocimiento del derecho internacional de entonces, tomó a los diplomáticos por mercaderes y se puso a extorsionarles dinero por pasar a través de la frontera vestimentas bordadas en oro e iconos en marcos preciosos. Se produjo un conflicto. En su curso Potemkin y Rumiántsev reprendieron al descarado aduanero con las siguientes expresiones: "Enemigo de la Cruz de Cristo, ¿por qué no tienes miedo de hablar así?.. Perro ruin, no tienes derecho alguno a imponer aranceles no sólo sobre estos purísimos iconos santos, sino también sobre la vestimenta y otras pertenencias de la embajada, pues somos enviados de nuestro gran príncipe, su majestad el zar, ante el gran soberano vuestro, su majestad el rey, para sus grandes asuntos estatales, la amistad y el amor fraterno; y no hay entre nosotros hombres de negocios ni mercadería, por lo que no has tenido derecho a imponernos a nosotros. Ante tu sinvergüenza y modales bestiales, como a un perro hambriento o a un lobo con boca ansiosa de tragar ovejas del pastor, a ti te echamos el oro como si fuera polvo". Al haber pronunciado esas palabras tan emocionales, los embajadores quitaron los marcos de los iconos, los dejaron "como polvo" en la aduana y, salvaguardados los iconos, continuaron su camino. Hasta el fin de 1668 los rusos tendrían que visitar además la corte real francesa.

En la siguiente ocasión Piotr Potemkin se dirigió a Europa en 1674. El zar Alejo Mijáilovich envió a Potemkin con una misión a Viena. éste la cumplió con brillantez descubriendo a la corte austriaca las intenciones agresivas del rey polaco Juan III Sobieski.

De nuevo Potemkin fue enviado a España durante el reinado de Teodoro III (1676-1682). Su embajada pasó en Madrid los meses estivales de 1681. En aquel entonces el pintor de la corte José Carreño de Miranda creó el magnífico retrato del diplomático ruso que hoy día sigue llamando la atención de los visitantes del Museo del Prado. Potemkin llegó a ser el único representante extranjero quien mereció similar privilegio durante el reinado de Carlos II: tan fuerte era la impresión que los rusos causaron en la lúgubre corte del último Habsburgo español. Por lo visto, un determinado papel jugó en ello la inaudita suntuosidad de la embajada moscovita: Potemkin, quien ni siquiera era boyardo, se vestía de una manera que no todo grande de España podía permitirse.

De acuerdo a su leyenda Potemkin tenía un excéntrico sentido del orgullo nacional. Durante sus negociaciones en Madrid insistió en que el rey de España se quitase el sombrero cada vez que pronunciase el titulo de Zar de Todas las Rusias. Durante su embajada a Copenhague el rey danés estaba enfermo y solo podría recibirlo acostado en la cama. Potemkin requirió a los daneses que le trajeran una segunda cama a la sala para llevar a cabo las conversaciones de forma acostada como su interlocutor, mostrando así la igualdad entre ambos países.
Pyotr Potemkin era pariente lejano del estadista, militar y político ruso Grigori Aleksándrovich Potemkin.

Carreño de Miranda creó el retrato de un enviado del país distante y fabulosamente rico. La vestimenta moscovita característica de la época anterior al reinado de Pedro el Grande – un abrigo largo de seda bordada en oro y piedras preciosas –, acentúa el exotismo oriental del personaje retratado. Llama la atención la mirada perspicaz del embajador ruso que testimonia sus habilidades extraordinarias y una vida rica de experiencias.

Desde el tiempo de la fundación del Museo Nacional del Prado forma parte de su colección el retrato del "embajador ruso Pedro Ivánovich Potemkin", realizado por Juan Carreño de Miranda, conocido artista español del siglo XVII. La historia de su creación y la personalidad del retratado merecen que les prestemos atención.


Pyotr Ivanowitz Potemkin, embajador de Rusia retratado por Juan Carreño de Miranda. Museo del Prado, Madrid.

Los rusos en España tienen todas las razones para sentir orgullo por esa persona que representó tan dignamente a su país en aquella época remota.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Aniversario de las relaciones diplomáticas

Este año de 2017 se celebra el 350 aniversario de las primera embajada rusa en Madrid y el 40 aniversario del restablecimiento de las relaciones con la llegada de la democracia a España. A lo largo del año se han celebrado numerosos actos conmemorativos como exposiciones, conciertos, conferencias, etc. en ambos territorios, organizados tanto por las respectivas embajadas como por asociaciones culturales y empresariales. La embajada de España en Rusia está publicando con motivo del aniversario además interesantes hechos históricos en cuanto a relaciones bilaterales. Más adelante publicaré información más ampliada sobre estos hechos históricos ayudándome de la información proporcionada por la Embajada.



En el palacio de los Borgia de Gandía se celebró un baile de gala histórico en conmemoración del restablecimiento de las relaciones.

Cartel del evento arriba mencionado.





Así luce la Embajada de Rusia en España con motivo del aniversario.


En el conservatorio de Moscú se celebró un concierto con motivo del aniversario. En la imagen de arriba Ainhoa Arteta junto al embajador de España en Rusia.

La sala magna donde se celebró el concierto.

Cartel que anuncia el evento anterior.


Un cartel en Madrid que anunciaba en 2007 una exposición en el Instituto Cervantes con motivo del 30 aniversario de restablecimiento de las relaciones.


Portada de un periódico de la época